El teléfono sonó en el despacho. Ellen se desperezó en el sofá, que había en la habitación, con la botella de Jack Daniels todavía en la mano y haciendo que el preciado líquido le cayera en la cara. -Joder, vaya mierda.- dijo mientras saltaba del sofá al suelo. -¿Y ahora que desayuno yo?- miraba la nueva mancha que se formaba en el tapizado, años atrás de color gris y ahora más colorido que un traje de gitana, cuando el teléfono volvió a sonar. -Ya va, ya va. Que impaciente es la gente- se dirigió al escritorio mientras miraba a ver si le quedaba algo que poder beber de la botella y se rascaba la enredada cabellera negra.
-Ellen Labat, detective privada al habla, ¿Con quién tengo el placer de hablar?...ajá- lanzó la botella al sofá y buscó con la mirada su libreta y el bolígrafo. -Muy bien, ¿Cual es el motivo de su llamada?- encontró la libreta y agarrando el auricular entre la cabeza y el cuello cogió la libreta y el boli y garabateó un nombre. -Bueno, si no puede decirlo por teléfono digame una dirección e iré allí cuando pueda- la persona al otro lado del aparato dijo algo más y luego Ellen colgó. Apuntó también la dirección en la hoja y la arrancó de la libreta, dobló el papel y se lo metió en el bolsillo del pantalón. Seguidamente buscó el bolso, que estaba al lado de la puerta, lo agarró y salió del despacho cerrándolo con llave.
Ya en su bloque, tras aparcar el coche encima de la acera y sacar del maletero una bolsa grande, se dirigió a la puerta de un piso y llamó a la puerta. La puerta la abrió un hombre bajo, calvo y panzudo que llevaba como única vestimenta unos calzoncillos dos tallas más grande. -Hola vecino, ¿Te importa que use tu ducha de nuevo?- -Cla'o que no p'esiosidá, ya sabes que pués dusha'te asquí cuando quie'as y siemp'e que dejes que te mi'e- contesto el seboso. -Muchas grascias, eres un colega, eso sí, esta vez no me lo eches encima que tengo algo de prisa- Tras veinte minutos de onanismo por parte del gordo Ellen ya se encontraba fuera de aquel estercolero con unas botas de caña alta, donde guardaba un pequeño revolver, unos Jeans rotos por las rodillas, un cinturón negro en el que se veía la placa y la pistolera vacía, y una camisa de leñador regalo del chapero de su padre.
Salió del bloque, abrió el maletero del coche y arrojó la bolsa dentro de este, cerró haciendo que un piloto trasero cayera al suelo -Oh valla, este también se ha caído- levantó los hombros al tiempo que hacía una mueca, fue a la puerta del conductor, quitó una multa del limpiaparabrisas (reduciéndola a una pelota y arrojándola contra el asfalto) y se montó en el coche para dirigirse a la dirección que le habían dado.
Llegó a la dirección y descubrió que era un restaurante que formaba parte de una cadena bastante importante. Dejó el coche en un callejón y le dio 5 centavos a un mendigo para que se lo cuidara. Cuando entró en el restaurante un tipo de unos 30 años, rubio, con el pelo algo largo echando hacía atrás y fijado con gomina, de ojos azules, con gafas, bien afeitado, complexión fuerte y un traje negro con camisa blanca la esperaba en la puerta detrás de un atril con una carta en la mano. - Buenas Tardes, ¿mesa para uno?- Ellen se sorprendió -¿Como que buenas Tardes?¿Qué hora es?- El hombre miró su reloj con cara extrañada -Son las tres y media- ella dió un bote y entró corriendo hasta la cocina -Llego tarde, ¡¡¡llego tardeeeee!!!- el hombre la siguió -Perdone, pero no puede estar aquí, está restringido a los clientes- Ellen se paró y se giró señalándole con el dedo -Yo no soy un cliente y ¿Dónde está su jefe? Owen Eger- Él se paró antes de chocar con ella y se recolocó la chaqueta.
Los trabajadores que estaban dentro de la cocina miraban la escena entre divertidos y asustados. - ¿Y quién le dice a usted que yo no soy Owen Egen?- preguntó enderezándose y poniendo pose de importante -Usted no es Owen Egen, porque Owen Egen tiene más dinero y es más viejo usted, y ahora, ¡lleveme ante su jefe!- el tipo no estaba acostumbrado a que le hablaran así -O se va de aquí, o aviso a la policía- Ellen se señalo la placa del cinturón -Soy detective, idiota, llevame ante tu jefe antes de que te meta una caja melones por el culo.- El hombre totalmente colorado se dirigió hacia una puerta batiente que había al fondo de la cocina y Ellen sonriendo lo siguió. Andaron por un estrecho pasillo hasta llegar a una puerta situada a la derecha del mismo. El rubio llamó a la puerta y esperó hasta que una voz dio permiso para pasar. - Señor Egen, aquí hay una señorita que quiere verlo, dice ser policía.- El rubio miró con cara de pocos amigos a Ellen. -Ah sí, dile que pase Roch- Ella se rió mientras entraba al despacho. -¿Quién te puso el nombre, tu perro?- a la par que cerraba la puerta en las narices del rubio, este todavía fue capaz de escuchar: "Roch, desde luego ese si que es un nombre ridículo".
Ellen se sentó en la silla que había enfrente de señor Egen. Este era alto y delgado, mas o menos 80 años, de pelo corto y blanco como la nata y ojos azules algo apagados -No me gusta la gente tan descarada señorita...- El señor Eger hizo una pausa esperando que ella le dijese su nombre completo - Labat, Ellen Labat- comentó ella -aunque ya debe saberlo si llamó a mi despacho esta mañana- sonrió a Egen. -Señorita Labat, pasemos al asunto que la ha traído hasta aquí- ella hizo una inclinación de cabeza. - Bueno, la cuestión es que..- le paso un folio con letras recortadas de periódicos y revistas -...como puede leer quieren quitarme del negocio, y sospecho de todos mis empleados, creo que no llegaré a mañana.- Al viejo le temblaban la voz y las manos. -Usted tranquilo buen hombre, si quiere empiezo ya mismo a vigilar y velar por su seguridad- El hombre sonrió -Ahora no, a partir de las siete, para que los clientes y empleados no sospechen. ¿Cuales son sus honorarios?- Ellen sacó la libreta y el bolígrafo y escribió en ella una cifra. -La mitad por adelantado por si acaso la espicha- le pasó la hoja después de arrancarla de la libreta. - Je, sus honorarios son altos, no cree- ella enarcó las cejas -El riesgo para mi también es alto y sabe que soy única. Lo toma, o lo deja- é se arreyanó en su sillón - Está bien, el trato está cerrado.-. Abrió un cajón de la mesa y sacó un maletín -Nos veremos más tarde- Ellen se levantó y se dirigió a la puerta -Si me ve, es que no hago bien mi trabajo- Egen se despidió de ella con una inclinación de cabeza y no pudo evitar reírse cuando Ellen se dejó el bolso atrancado con la puerta.
He aquí una protagonniusta dura, de armas tomar. Me cae bien. Es raro que una protagonista caiga bien, suelen ser unas petardas, pero Ellen mola.
ResponderEliminarA ver que pasa en los siguientes, que en un blog se puede leer muy poco u__u
Pobre Roch y su nombre xD